Ahí estás.

Ahí estás con esa sonrisa de siempre dibujada, enseñándome cada una de tus letras, con la misma ilusión que tiene un niño cuando ha aprendido algo nuevo y quiere enseñárselo a sus padres.

Ahí estás dándome la mano en cada paso, chutando cada una de las piedras que aparecen en mi camino para evitar cada uno de mis tropiezos.

Ahí estás haciéndome cosquillas, mientras, yo, en el suelo partiéndome de la risa.

Ahí estás mi gran super héroe, protegiéndome de todo lo malo y celebrando conmigo todo lo bueno.

Ahí estás siendo refugio para que no se me echen encima todos y cada uno de los pedazos en los que me han hecho ruinas.

Ahí estás siendo hogar con chimenea encendida cuando me atrapa el invierno.

Ahí estás siendo paraguas en mis noches de tormenta.

Ahí estás curando mis heridas con tu kit de salvaciones.

Ahí estás aguantando cada una de mis manías, aunque algunas sean inaguantables.

Ahí estás dándole la vuelta al mundo cuando me da por verlo del revés.

Ahí estás deshaciendo los nudos de mi garganta cuando me dejan a media voz.

Ahí estás tumbado conmigo en el suelo detrás de cada caída diciéndome que todo saldrá bien.

 

Ahí estabas, hasta que decidieron arrancarme la vida sin permiso alguno, dejando un vacío interno de esos que no puedes volver a llenar nunca.

Ahí estabas mi otra mitad, la parte que me complementaba y que ahora me deja con media respiración.

Ahí estabas mi hermano mayor, mi gran salvavidas.

No se como voy a sobre(vivir) , después de tu huida.

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