Gracias a ti puedo creer en la magia.

Nunca creí en la magia hasta el día en el que tus manos cogieron las mías y pude ver desaparecer al dolor.

Tienes ese don de convertir en poesía todo aquello que tocas, será porque la poesía siempre has sido tú y desde entonces no he dejado de escribir.

Has agotado las entradas a mi vida a todo aquello que no valía la pena y has hecho que todo valga la alegría.

Has convertido mis heridas en razones por las que aprender y no sentirme nunca más en un constante fracaso.

Gracias por hacer de mi mente un mar en calma y de mi corazón la orilla donde puedo sentirme a salvo.

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